El oso
Objetivo: valorar la importancia del tiempo que vivimos.
Se piden alumnos voluntarios.
Cada
uno representará un papel del cuento:
- El zar.
- El guardia de la cárcel.
- El sastre.
- La mujer del sastre.
- El Oso.
- Un alumno que narre el cuento.
Se
les da una copia del cuento solo a estos alumnos que deberán subrayar sus
intervenciones.
Posteriormente
lo representarán ante sus compañeros. Pueden tener el cuento delante, no es un
examen de memoria.
Una
vez realizada la representación se entregará una copia a cada alumno del grupo,
se volverá a leer el cuento y se debatirá sobre el contenido.
EL OSO
Esta historia habla de un sastre, un zar y su oso.
Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta
preferida se había caído.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos
los que enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la
ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana
siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradecía al emperador de todas las Rusias, así que
la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de
su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.
Cuando cayó el sol un guardián de la cárcel le llevó al
sastre la última cena. El sastre revolvió el plato de comida con la cuchara y
mirando al guardián dijo – Pobre del zar.
- El guardián no puedo evitar reírse - ¿Pobre del zar?, pobre de ti que tu cabeza quedará separada de
tu cuerpo unos cuantos metros mañana a la mañana.
- Si, lo sé pero mañana en la mañana el zar perderá mucho más
que un sastre. El zar perderá la posibilidad de que su oso, la cosa que más quiere
en el mundo, aprenda a hablar.
- ¿Tú sabes enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el
guardián de la cárcel sorprendido.
- Un viejo secreto familiar – dijo el sastre.
Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardián
corrió a contarle al soberano su descubrimiento:
¡El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!
El zar se sintió encantado. Mandó rápidamente a buscar al
sastre y le ordenó:
-¡Enséñale a mi oso a hablar!.
-Me gustaría complaceros pero la verdad, es que enseñar a
hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo y lamentablemente, tiempo es
lo que menos tengo.
-El zar hizo un silencio y preguntó, ¿cuánto tiempo llevaría
el aprendizaje?.
- Bueno, depende de la inteligencia del oso. - Dijo el
sastre.
- ¡El oso es muy inteligente! – interrumpió el zar.
– De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de
Rusia.
-Bueno, musitó el sastre. Si el oso es inteligente y siente deseos de
aprender... yo creo... que el aprendizaje duraría... duraría... no menos
de...... dos años.
El zar pensó un momento y luego ordenó:
- Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto
tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre – Si tu mandas al verdugo a ocuparse
de mi cabeza, mañana estaría muerto y mi familia se las ingeniará para poder
sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el tiempo a
trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.
- Eso no es problema – dijo el zar – A partir de hoy y
durante dos años tú y tu familia estarán bajo la protección real. Serán
vestidos, alimentados y educados con el dinero de la corte y nada que necesiten
o deseen, les será negado. Pero, eso sí, si dentro de dos años el oso no habla,
te arrepentirás de haber pensado en esta propuesta. Rogarás haber sido muerto
por el verdugo. ¿Entiendes, verdad?.
- Sí, alteza.
- Bien. ¡¡Guardias!! - gritó el zar –Que lleven al sastre a
su casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos
para sus niños. ¡Fuera!.
El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a
retirarse mientras musitaba agradecimientos.
- No olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la
frente – Si en dos años el oso no habla...
Cuando todos en la casa del sastre lloraban por la pérdida
del padre de familia el hombre pequeño apareció en la casa en el carruaje del
zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que
pocas horas antes había sido llevado al cadalso volvía ahora, exitoso,
acaudalado y exultante.
Cuando estuvo a solas el hombre le contó los hechos.
- Estás loco –
chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni siquiera has
visto un oso de cerca, ¡Estás, loco!
- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana
al amanecer y ahora tengo dos años. En dos años pueden pasar tantas cosas.
En dos años, siguió el sastre, se puede morir el zar, me puedo morir yo, y lo más importante, por
ahí el ¡¡oso habla!!